Cuando llegaste a mí, como un viento salvaje,
derribaste mis dudas y certezas,
dejándome desnuda y sin barreras
ante la urgencia febril de tu sangre.
Y no escuché consejos ni advertencias
cuando tu boca conquistó el fruto de mi boca
y mis ojos hallaron en los tuyos
el destino único de nuestra doble existencia.
Mi piel se hizo esclava de tus dedos
y anudó tus deseos más audaces,
tatuados en mi carne palpitante
por el azote ardiente de tu dulce aliento.
Y el pasado se esfumó en un solo instante,
y la vida se vistió de primavera,
la tristeza desató por fin mi frente
cuando llegaste a mí, como un viento salvaje.

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